Texto: Eugenia Cabriales
Fotos: Eugenia Cabriales y Colectivo Todxs somos Jorge y Javier
Edición: Luis Alberto López
En un país donde sus autoridades presumen que existe un Estado de Derecho, nadie debería peregrinar entre dependencias para exigir justicia, menos señalar como violadores de derechos fundamentales a quienes deberían procurarlos y protegerlos.
Sin embargo, los atropellos por los mismos funcionarios y servidores públicos son causantes de que surjan los activistas y luchadores sociales.
Rosa Elvia Mercado, madre de Jorge Antonio Mercado Alonso, tiene claro que los derechos de todo ciudadano deben persistir siempre.
Ella tuvo que salir a exigir justicia durante años, presionar a autoridades para que se diera la sentencia de 90 años de cárcel contra los militares involucrados en la muerte de su hijo y su amigo Javier Francisco Arredondo Verdugo el 19 de marzo de 2010.
Además, consiguieron la disculpa pública por parte del Gobierno de México para limpiar el nombre de los dos estudiantes de excelencia en el Tecnológico de Monterrey y que fueron hechos pasar por sicarios armados “hasta los dientes”.

“Tuvimos que exigir los derechos que teníamos, primero los derechos de Jorge y de Javier en este caso, los derechos como ciudadanos donde les quitaron la oportunidad de seguir viviendo”, comparte Elvia Mercado.
Obstáculos y más de 6 años para judicializar el caso
La madre de Jorge Antonio cuenta que desde el inicio fue difícil, incluso quienes debían velar por el respeto de los derechos de su hijo y de ella como víctima indirecta dieron malos tratos.
“En mi caso se presentaron de una forma inoportuna y violaron mis derechos de intimidad, mis derechos de llevar mi duelo a mi manera.
Ellos vinieron a presentarse el día en que enterramos a Jorge, vinieron a las doce de la noche gritándome por la ventana que querían hablar conmigo”, narra sobre el momento en que llegó a su hogar personal de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).
Recuerda que los primeros años incluso militares estaban cercanos a su hogar, acción que consideró intimidante.
“Nos daban la impresión a mi esposo y a mí que ellos querían que nos calláramos, que no dijéramos nada (…) venían aquí los militares a ofrecernos mil cosas, era mucha la insistencia. Me dejaron de hablar cuando les dije: ‘mire ya no me insista porque lo único que yo estoy pensando es que ustedes me quieren matar’”.
El peregrinar por las dependencias de procuración de justicia fue constante. Elvia rememora que enfrentaron muchos obstáculos que iban desde cancelarles citas para revisar la averiguación previa hasta malos tratos en las oficinas de la entonces Procuraduría General de la República.

El asesinto de su hijo y su amigo fue en marzo de 2010, pero para lograr la judicialización de la investigación debieron pasar más de 6 años. Hasta que pusieron una queja en el órgano de control interno de la dependencia federal fue cuando por fin consignaron el caso.
“Eso lo hicimos en junio (de 2016) y se consignó el caso en octubre, pero violando nuestros derechos porque se hizo muy sigilosamente y no nos dijeron a nosotros nada, ya cuando nos dijeron yo creo que ya tenía el expediente ahí en el juzgado una semana; entonces pues no nos dijeron y pues ahí en el juzgado tuvimos varias dificultades”, cuenta Elvia Mercado.
El acompañamiento y la solidaridad
El asesinato de Jorge y Javier generó activismo social, primero en acompañamiento familiar, de amigos y conocidos, que derivó en la creación de asambleas estudiantiles independientes.
Además del apoyo de Amnistía Internacional y Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos (CADHAC).
Una de esas asambleas estudiantiles fue la que dio origen al colectivo Todxs somos Jorge y Javier, mismo que desde el 2014 permanece vigente con actos de memoria y de la exigencia de no repetición y justicia.
El apoyo de este colectivo y otras personas solidarias ha sido fundamental. Destaca el del cineasta Alberto Arnaut y quien dirigió el documental Hasta los dientes que sirvió como instrumento potente para cumplir con uno de los principales objetivos de las familias de Jorge y Javier: limpiar su nombre ante la sociedad.
“Fue muy importante en este proceso. Lo vio mucha gente, mucha gente que pensaba que los muchachos realmente eran malos y se dieron cuenta que no lo eran”, asegura Elvia Mercado.
El documental fue estrenado el 7 de septiembre de 2018 y le fue mostrado a la que en ese entonces estaba por asumir la titularidad de la Secretaría de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.
“Cuando lo vio estaba sentado a un lado mío y en los comentarios que hacía dijo ‘esto fue un asesinato extrajudicial’”, recuerda Rosa Elvia Mercado.
De ahí fue orquestada la disculpa pública que por años exigieron las familias y fue el 19 de marzo de 2019 cuando la propia Sánchez Cordero encabezó el acto a nombre del Estado Mexicano.

La justicia y sus pendientes
El octubre de 2023 fue dictada la sentencia de 90 años de prisión contra los militares que asesinaron a Jorge y Javier. Pese a que la defensa apeló la resolución del juez, el 12 de diciembre pasado fue ratificada.
Si bien esa fue la principal exigencia en materia de justicia, Rosa Elvia señala que faltan delitos por castigar y que tienen que ver con que despojaron a los estudiantes de su identidad, pues les quitaron sus credenciales, les sembraron armas, manipularon la escena del crimen y les señalaron como sicarios.
“Cuando la procuraduría (hoy Fiscalía General de la Repúblic) hizo la consignación del caso a un juez nada más lo hizo por el asesinato. Quedaron pendientes todos los delitos que cometieron”, sostiene.

El expediente, recuerda Rosa Elvia, era de más de treinta tomos y cuando fue judicializado supo que la autoridad ministerial tomó en cuenta de tres a cuatro tomos y por eso el resto de los delitos quedaron sin castigo.
Para su familia es importante que haya justicia en esos delitos también. Sin embargo, también es consciente del desgaste que conlleva este proceso.
Además, otro de los pendientes tiene que ver con perpetuar acciones de memoria para recordar a Jorge y Javier, entre ellas que una de las estaciones de la nueva línea del metro en Monterrey lleve sus nombres.
Rosa Elvia ha resentido en su salud el proceso de búsqueda de justicia y por eso optó por dejar al colectivo Todxs somos Jorge y Javier esa tarea.
A 15 años de la muerte de Jorge y Javier, ella está convencida que la justicia llegó gracias al apoyo de muchos, pero principalmente por Dios y por eso nunca perdió la fe.
“Porque es una oración que yo le hice a Dios muchos años y yo le decía: Señor yo no sé qué me falta hacer para que se logre la justicia, pero yo aquí estoy señor y yo hago lo que tú me digas, pero permíteme ver la justicia”.