Ilustración: Estelí Meza

Con nombre y apellido: feminicidios que terminan en fosas clandestinas

Estos espacios atroces son la muestra tangible de una acumulación brutal de indolencia y deshumanización, la expresión más descarnada de la violencia feminicida.

Las estadísticas, números, evidencias e incontables historias están ahí. Las fosas clandestinas son una de las muchas evidencias del panorama de impunidad y desprotección que enfrentamos las mujeres a diario. Estos espacios atroces son la muestra tangible de una acumulación brutal de indolencia y deshumanización, la expresión más descarnada de la violencia feminicida.[1]

Desde 2016, en el Programa de Derechos Humanos (PDH) de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México monitoreamos los hallazgos de fosas clandestinas en todo el país de dos maneras: por medio de un rastreo hemerográfico en distintos medios de comunicación y por medio de solicitudes de información a las fiscalías estatales y la Fiscalía General de la República (FGR). El contraste de ambas fuentes nos permite reconstruir, aunque de forma parcial, el universo de fosas clandestinas en el país.

¿Qué criterios utilizamos para vincular fosas clandestinas con feminicidios?

El Código Penal establece ciertas características bajo las cuales el asesinato de una mujer debe investigarse como feminicidio. Estas son signos de violencia sexual, lesiones degradantes (previo o posterior a la privación de la vida), antecedentes de violencia familiar, laboral o escolar por parte del perpetrador, la existencia de una relación sentimental afectiva o de confianza, la existencia de amenazas, que la víctima haya sido incomunicada previo a su muerte y que su cuerpo sea expuesto en un lugar público.

Además de considerar lo anterior, nosotras hemos sistematizado ciertas características que se repiten de forma recurrente en las muertes violentas de mujeres vinculadas con fosas clandestinas. Así, para aquellos casos donde no contamos con toda la información, consideramos como posible feminicidio aquellas muertes donde identificamos tres patrones: 1) enterramiento (inhumación) individual de la víctima o inhumación de la víctima acompañada de otras mujeres o menores de edad; 2) presencia de signos de tortura y violencias específicas, como estrangulamiento y asfixia, golpes y la inmovilización de la víctima previo a su muerte; 3) si se cumple alguno de los dos criterios anteriores, a pesar de que el motivo del asesinato no sea explícitamente por violencia de género, por ejemplo, un robo o una disputa familiar.

Dos fenómenos cada vez más cercanos

Este análisis contempla sólo aquellas fosas clandestinas vinculadas a feminicidios o posibles feminicidios ocurridos entre 2020 y 2024. En total, documentamos 67 fosas, distribuidas de la siguiente manera: 10 en 2020, 7 en 2021, 12 en 2022, 7 en 2023 y 31 en 2024. Como puede observarse en la gráfica, 2024 es el año con más fosas documentadas hasta ahora, equivalente al 46 % del total, lo cual indica una agudización del fenómeno.

Gráfica 1. Fosas clandestinas vinculadas a casos de feminicidio (2020 – 2024)

Elaboración propia.

Cabe señalar que si bien nosotras hemos documentado hallazgos de fosas clandestinas en todas las entidades del país, las fosas vinculadas a feminicidios no se observan de forma generalizada. En estos años, este fenómeno se observó en 23 de 32 estados, con el 56 % de los casos concentrándose en las siguientes entidades: Sonora con 8 casos (12 %), Chihuahua con 7 casos (10 %), Guerrero con 6 casos (9 %), Guanajuato con 5 casos (7 %) y Ciudad de México, Hidalgo y Michoacán con 4 casos respectivamente (6 %, 18 % total).

Mapa 1. Estados con fosas clandestinas vinculadas a feminicidios

Elaboración propia.

¿Qué hay detrás de estas fosas?

Una fosa clandestina no debe entenderse como un hecho violento aislado, sino como parte de una cadena criminal que incluye otros delitos, en este caso, el feminicidio. Al analizar la información disponible, identificamos por lo menos tres posibles causas detrás de estas fosas: 1) violencia machista, 2) disputas familiares, 3) dinámicas criminales.

Fosas por violencia machista

Las fosas consecuencia de la violencia machista son aquellas motivadas por la intención de dañar a la víctima por razones de género. Este es el tipo de fosa más común que hemos documentado y, en general, representa el último eslabón de un problema sistémico que conocemos bien: la vida de una mujer es arrebatada de forma violenta, por una persona de confianza o un completo desconocido, a causa del machismo y la misoginia.

En 26 de los 67 casos documentados (39 %), las mujeres fueron asesinadas por un hombre con quien mantenían algún tipo de relación romántica, familiar o amistosa. En 20 de estos casos (30 %), el feminicidio fue cometido por una pareja sentimental (esposos, ex parejas o novios), mientras que en 6 casos (9 %), las víctimas fueron asesinadas por miembros de su familia, en dos casos en mano de sus propios hijos.

En Durango, Anastasia fue asesinada violentamente por su hijo, Antonio, quien no sólo la dejó inconsciente después de golpearla repetidas veces, sino que además prendió fuego a la habitación y después regresó por el cuerpo quemado de su madre para enterrarlo en el patio de su propia casa. En Baja California Sur, Leslie Desireé, de 30 años, fue asesinada por su medio hermano tras evitar que este abusara sexualmente de ella. Su cuerpo fue envuelto en plástico antes de ser enterrado cerca de la carretera La Paz-Ciudad Constitución.

Además, en al menos tres casos, las mujeres fueron asesinadas por hombres desconocidos. Destacamos dos incidentes: por un lado, el feminicidio de Paola Andrea, una estudiante de psicología de 23 años, estrangulada por Sergio Daniel, el conductor de DiDi responsable de llevarla a su casa después de salir con unas amigas, quien enterró su cuerpo cerca de un dren, entre escombros y basura. Por otro lado, una serie de casos de violencia extrema reiterada a manos del feminicida de Atizapán, un hombre de alrededor de 71 años al momento de ser detenido, quien por más de 20 años asesinó a más de 19 mujeres y las enterró en su propia casa.

Fosas por disputas familiares

Las fosas ligadas a disputas familiares son aquellas donde, si bien la motivación detrás es económica, las formas de privación de la vida de las víctimas cumplen con varios de los criterios señalados antes. Identificamos 3 fosas (5 %) que son consecuencia de disputas familiares por temas económicos. En las tres fosas los perpetradores mantenían un vínculo cercano con la víctima.

En una fosa, identificada en Ciudad de México, se localizó a Ivonne, secretaria del Juzgado de Distrito en el Poder Judicial de la Federación. La línea de investigación que se sigue al día de hoy apunta como responsable a su pareja sentimental, luego de que Ivonne desapareciera tras cobrar el dinero de una deuda.

Las otras dos fosas están vinculadas al delito de robo. En una fosa en Ciudad Juárez se encontró a Agustina, de 67 años, asesinada por su sobrino político después de una discusión por una propiedad. En otra fosa, en San Luis Río Colorado, en Sonora, se localizó a Aseret de 26 años, quien fue estrangulada en su propia casa por su cuñado. Su hermana y su novio habían planeado matarla antes de robarle dinero.

Fosas por dinámicas criminales

En este análisis destacamos aquellas fosas del crimen organizado vinculadas a delitos particulares, como trata de personas y la desaparición de mujeres. Sólo consideramos aquellas fosas en donde se observa violencia asociada al delito de feminicidio o donde sólo se enterraron cuerpos de mujeres. Este patrón se observa en 11 de 67 casos (16 %).

En particular, destacamos una fosa en Oaxaca que utilizaron personas presuntamente vinculadas con delitos de privación de la libertad, como la trata de personas en su modalidad de reclutamiento forzado. En ella se hallaron los cuerpos de tres mujeres, entre ellas Cassandra Ramírez, madre de dos niñas, quien fue engañada por medio de Facebook con la promesa de un empleo y después asesinada e inhumada junto a otras víctimas.

Es relevante señalar que hemos notado que algunas de las fosas vinculadas con el crimen organizado refuerzan estructuras de poder masculinas bajo la lógica de destruir al enemigo a través del cuerpo de la mujer vinculada a él[2]. En Sonora, dos mujeres familiares de Héctor Luis “El Güero” Palma, uno de los fundadores del Cártel de Sinaloa, fueron secuestradas, privadas de su libertad durante un año entero y asesinadas e inhumadas en un terreno baldío en Ciudad Obregón.

Gráfica 2. Clasificación de perpetrador por fosa

Elaboración propia.

¿Quiénes son las mujeres que se encuentran en estos sitios atroces?

Enfermeras, maestras, estudiantes y comerciantes, mujeres que un día salieron de casa y nunca volvieron. En total, 95 mujeres fueron encontradas en estos sitios atroces, de quienes sólo conocemos la identidad de 70 y la edad de 66. Las edades varían, estas van desde los 9 años hasta los 67 años, casi todas entre los 20 y 30 años. El promedio de edad es de 31 años, lo que sugiere que las mujeres jóvenes son más vulnerables a sufrir este delito.

Además, al menos 12 de las mujeres asesinadas eran madres, cinco de ellas enterradas junto con sus hijos, hijas y nietos entre las edades de 7 y 13 años. Esto le sucedió a Irlanda Rocío, de 42 años y madre de dos hijos, asesinada por su pareja sentimental, Iván Ernesto, quien también mató a su hija Emily, de 9 años, y a su hijo Dominik, de 3. Iván enterró a Rocío y Emily en el jardín de su casa, mientras que aventó el cuerpo de Dominik cerca de unas vías de tren. Dominik presentaba huellas de tortura e Irlanda Rocío fuertes golpes en su cuerpo.

No sólo son las madres las que aparecen en estos sitios atroces, sino también las que encuentran. Este es el caso de Nora Lira, quien encontró en una de estas fosas a su hija Fernanda de 17 años, tras buscar, con pico y pala, por más de dos años en el desierto de Sonora. La búsqueda de Nora la ha llevado a localizar a más de 100 personas desaparecidas.

Otro dato a destacar es que cuatro de las mujeres identificadas estaban embarazadas, tres de ellas asesinadas a mano de sus parejas sentimentales. Erika, que tenía 7 meses de embarazo, discutió con su novio, Luis Jovani, quien posteriormente la mató y la enterró en un inmueble. La fecha estimada del nacimiento del bebé de Erika era enero de 2025.

¿En dónde se encuentran las fosas vinculadas a feminicidios?

Entre jardínes propios, brechas, ranchos, cerros y minas emergen los cuerpos de víctimas de feminicidio, enterrados en el anonimato por la impunidad que permite su desaparición. De los 67 casos documentados, 24 fosas (36 %) fueron localizadas en inmuebles privados, en 7 de estos 24 casos fueron encontradas en los hogares de las víctimas, lo que equivale al 10 % del total de las fosas documentadas. La alta incidencia de fosas clandestinas en domicilios propios podría estar relacionada con el hecho de que los perpetradores suelen ser las parejas sentimentales de las víctimas, lo que confirma que la violencia de género ocurre de manera principal dentro de relaciones personales y en el ámbito privado.

Otros espacios en los que se localizaron estas fosas son en predios abandonados (13 %), ranchos (7 %), brechas (6 %), cerros (4 %), caminos (4 %), terrenos baldíos (3 %), drenes (3 %) y en casos individuales en un salón de fiestas, un basurero municipal, una mina y una cisterna.

Gráfica 3. Clasificación de espacios de hallazgo

Elaboración propia.

Fosas con nombre y apellido

En una considerable cantidad de casos documentados, las víctimas fueron localizadas gracias a que sus familias las reportaron como desaparecidas e impulsaron acciones de búsqueda inmediata o porque los perpetradores confesaron sus crímenes. En más del 80 % de los casos las mujeres pudieron ser identificadas. Esto ha sido clave para determinar no sólo su identidad, sino comprender los motivos detrás de su asesinato y los perpetradores de estos crímenes atroces. Asimismo, esto nos permitió confirmar que los patrones de violencia que observamos corresponden al delito de feminicidio.

No obstante, nos resulta inevitable pensar en el gran número de mujeres que hoy pueden estar enterradas en sus propios domicilios o en los domicilios de sus parejas sin ser encontradas. ¿Qué pasa con el 20 % restante de las mujeres que fueron encontradas en estos sitios atroces y que a la fecha no han sido identificadas? ¿Por qué no sabemos nada de ellas? ¿Cuántas mujeres desaparecidas son en realidad víctimas de feminicidio y están enterradas en algún lugar esperando a ser encontradas?

La visualización de datos estuvo a cargo de Fernanda Lobo Díaz del PDH.

Mariana Marchand Moreno

Colaboradora del Programa de Derechos Humanos (PDH) de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México

Andrea Horcasitas

Encargada del Programa de Derechos Humanos (PDH) de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México

[1] Este artículo es un adelanto del informe “Trazar la ausencia, caminar la esperanza. Análisis de hallazgos de fosas clandestinas en México (2006 – 2024)”, el cual publicaremos en junio de 2025.

[2] Retomamos a Rita Segato para argumentar que el cuerpo de la mujer se consolida como la extensión del hombre al que se le asocia, por lo que violentarlo, ultrajarlo o destruirlo implica atacar indirectamente al bando criminal o individuo enemigo. Rita Segato, Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres, 2014..

Este texto fue publicado originalmente por la Revista Nexos y lo reproducimos en Heridas Abiertas con la autorización de su autora. La versión original del artículo está disponible aquí.