Algunas mujeres tenían zozobra desde un día antes debido a las agresiones sufridas en la marcha del año pasado. Circularon rumores que advertían sobre posibles acciones represivas por parte de los cuerpos de seguridad, aunque ninguna fue confirmada.
Durante la mañana del 8 de marzo fueron instaladas vallas en la explanada de la Plaza Mayor y en la Plazuela Juárez, lo que aumentó el nerviosismo entre quienes vivieron la represión en 2024.
En la plazuela fue colocada una lona con la leyenda: “Prohibido el paso. Riesgo de explosión o de incendio. Este lugar cuenta con instalaciones de gas”. Aunque nunca se había brindado esa información en las manifestaciones pasadas.
Semanas previas a la marcha las colectivas organizadoras desarrollaron talleres de seguridad para repeler ataques físicos, contención psicoemocional y asesoría legal en caso de detenciones arbitrarias. Además, se conformaron grupos de abogacía con amparos y otros recursos legales, así como un equipo de comunicación entre medios aliados y organizadores para documentar cualquier agresión.
La queja interpuesta en la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Coahuila y las medidas cautelares dictadas tras la confirmación de las agresiones sufridas en la marcha del 8M de 2024, fueron clave para que este año el contingente pudiera ejercer su derecho a la libre expresión y manifestación sin ser reprimido.
Blindar la marcha
Desde Durango llegaron visitadores de Derechos Humanos, tanto de la capital del estado como de la sede en Gómez Palacio, para documentar y vigilar el paso del contingente.
Llegó el día y la hora marcada. La marcha partió del Parque Victoria, en Lerdo, poco después de las cuatro de la tarde.
Los rayos del sol se dejaban sentir con intensidad y a pesar de eso, un buen número de mujeres, infancias y jóvenes se sumaron a la convocatoria. Tránsito y Vialidad abrió paso mientras las mujeres entonaban consignas contra las violencias machistas.

El paso por Lerdo transcurrió con calma. El contingente se acercaba a Gómez Palacio. Al transitar al bulevar Miguel Alemán, a la altura del Agustín Castro, no se observaban elementos de seguridad.
Sin embargo, conforme avanzaba el contingente, un grupo de mujeres policías se incorporó con una manta morada. Iban después de unos vehículos que avanzaban en la parte trasera de la marcha. No llevaban puesto su equipo antimotines.
En el puente que se encuentra sobre el bulevar González de la Vega algunas jóvenes realizaron una intervención con pintura, pero la policía no actuó con la fuerza desproporcionada del año pasado, incluso no intervino.
Pronto el contingente cruzó el icónico Puente Plateado que une a las ciudades hermanas de Gómez Palacio con Torreón. Ya en esta ciudad más grupos de mujeres, familias, madres e hijas, amigas, esperaban para unirse.
También se encontraban elementos de la Policía Estatal, quienes, a diferencia de Gómez Palacio, se colocaron a los costados de la marcha, pero igual que ellas sin intervenir. Así continuaron hasta la Plaza Mayor.

Una exigencia de justicia que crece
Con el edificio de la presidencia vallado e iluminado de morado, de fondo, el contingente formó un círculo y comenzó a dar paso a testimonios de las asistentes.
Fueron desgarradores. Familiares y amigas de Diana, asesinada por un taxista en Torreón, y de María Cristina, víctima de feminicidio en Gómez Palacio, fueron algunas de las que alzaron la voz para clamar justicia.
“Soy hermana de Diana Pérez, asesinada el martes por la madrugada por un taxista. Venimos a pedir justicia por ella. Aquí estamos sus sobrinas, primas y amigas. Agradecemos a todas las que marcharon y gritaron por mi hermana. Pedimos justicia para Diana Pérez”.
“Soy amiga de María Cristina. A mi amiga la asesinaron el 19 de febrero. Abdel Rivas ya está en la cárcel, pero eso no remedia lo que le hizo. Queremos justicia. Le apagó la voz, pero nosotras somos la voz de Cristina y de todas las que faltan. No queremos que falte ninguna más”.
“El 12 de enero de 2024 fui privada de mi libertad y abusada sexualmente. Hasta el día de hoy no se ha hecho justicia. Mi denuncia solo se tomó por lesiones y amenazas, y mi agresor sigue libre. Nunca había asistido a una marcha, pero hoy estoy aquí porque tengo miedo. No quiero ser una más”.
“El 10 de mayo mi hermana Adriana fue asesinada por su expareja. No solo le quitó la vida a ella, sino también a su bebé de cinco meses, justo afuera de mi casa y frente a mi madre. Su padre, quien es comandante de la policía, lo sigue protegiendo. Hasta la fecha no se ha hecho justicia”.

“Venimos por mi prima. Sus hermanas no pueden hablar, no pueden expresar lo que sienten. La encontraron en estado de descomposición en el fraccionamiento Veredas de la Paz, hace siete meses. No puede ser que el asesino tenga derecho a no declarar y, por eso, el caso no avanza. Dejó cuatro niñas sin su madre. Estamos aquí con el corazón en la mano luchando por justicia. Todas somos Marcelina Quintero Acuña”.
Los testimonios fueron escuchados con dolor, lágrimas y rabia. La sororidad entre las asistentes se hizo evidente en cada grito de apoyo.
Al finalizar, algunas mujeres realizaron iconoclasia en la Plaza Mayor y el asta bandera. También colocaron cartulinas en las vallas con nombres y fotografías de agresores, acosadores y feminicidas. Aunque siguen en impunidad, ya no tienen la comodidad del silencio.
La marcha reunió a más de 7 mil asistentes, demostrando que la lucha feminista en La Laguna sigue en pie, con voces cada vez más fuertes y unidas en la exigencia de justicia y derechos para todas.
Fotos: Edith González